CREATIVIDAD, INNOVACIÓN, CONOCIMIENTO newsletter
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newsletter En el año 2011 un par de jóvenes universitarios catalanes, Marc Martí-Costa (UB) y Marc Pradel (UAB), publicaron un artículo en la revista científica European Urban and Regional Studies en el que, bajo el título de “¿La ciudad del conocimiento contra la creatividad urbana?”, a partir del estudio de las relaciones existentes (o mejor dicho inexistentes) en la ciudad de Barcelona entre los talleres de artistas y los procesos de regeneración urbana, ponían el dedo en la llaga de la evidente ignorancia, o incluso contradicción, entre ambas políticas a escala territorial. El plato fuerte de su investigación se basa en lo que sucede en el barrio del Poblenou, donde la apuesta smart singularizada por el “distrito 22@” coexiste con la presencia creciente de fábricas de creación, entre las que destaca el centro “Hangar” promovido por la Asociación de Artistas Visuales de Catalunya, sin ninguna relación evidente y con unos niveles más bien preocupantes de desconocimiento y esquizofrenia.

La cuestión, ciertamente, no es exclusiva de Barcelona, Catalunya o España. Más de una vez hemos puesto aquí en evidencia la necesidad de situar la creatividad artística en el centro de las políticas de innovación, conocimiento y competitividad. No obstante, los discursos de la innovación y sus profetas apuestan más bien por otro tipo de creatividad, una creatividad ingeniera, y se resisten a considerar este rol central de las artes y de la cultura. A escala europea, iniciativas como la Estrategia 2020 sufren de este mal, también patente en muchos organigramas de instituciones nacionales, regionales o locales en los que la promoción de las artes convive, a pesar de tensiones y desconfianza, con la innovación. Proyectos como, por ejemplo, “Creative Clash”, orientado a promover la presencia a escala europea de artistas en organizaciones de producción de bienes y servicios, son todavía una excepción que más bien confirma la regla.

Los clásicos distinguían claramente entre lo que denominaban mimesis (vinculada al valor artístico fundado en la copia y la repetición) y lo que denominaban poiesis (asociada a un valor social, no necesariamente artístico, basado en la invención). Será a partir del Renacimiento cuando las artes dejen de ser miméticas y se libren de la sujeción al modelo y al canon, transformándose en poéticas. El paradigma del artista como creador, superador del artesano que repite, constituye un atributo central de la Modernidad que alcanza su más alta expresión a lo largo del Romanticismo y que, a lo largo del siglo XX, con el surgimiento de las Vanguardias primero y la aparición del Postmodernismo más tarde, da un paso atrás privilegiando un nuevo tipo de creatividad asociada a la imparable ascensión de las tecnologías digitales. ¿Quizás estemos ahora en los albores de una nueva etapa?

Eduard Miralles, Presidente del Patronato de la Fundación Interarts.